Como verán, este mes nos saluda 28 días. Pensemos en todos los juegos de suposiciones que un número dos acompañado de un ocho nos pueden causar. Una vez, caminamos con dos amigas, una de ellas lloró por los ocho perros callejeros que nos cruzamos en el viaje. La otra, es decir mi otra amiga, soltó dos risas al verla preocuparse por cuatro patas que multiplicadas por ocho darían tantísimas extremidades de ocho lindos animales. Seguimos ruta, me crucé con mi ex y sus dos ojos se me clavaron en mis ocho poros más sensibles. Todo siguió y dos autos de detuvieron a mirarnos, mientras ocho mutantes ratoneaban sus dos cabezas, con ocho pensamientos hechos morbo de dos en ocho y ocho en dos. Así, pintó trote: dos pares de zapatillas siguen a un par que corre más rápido: ocho hojas caen siendo las reprimidas del otoño (estamos en verano) ó por qué no las rapiditas que no puede resistir al 28 de marzo, cuando ya puedan soltarse en dos personas y masticar ocho recuerdos. Cuando el cielo se parte en dos, ocho nubes se hacen las vivas y nos proponen adivinar qué están dibujando. Me sorprende la rapidez en que nuestra amiga corre y así el viento me hace caer dos lágrimas que provienen de recordar Febrero de 2011, cuando vos te partías en dos para mí y yo me reinventaba en ocho poros de vida para vos.
martes, 21 de febrero de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
Todos, de alguna u otra manera, esperamos que alguien nos recuerde. No sólo hoy, sino en algún instante de sus días. En esa fragilidad de la rutina que se detiene y por algún espacio del aire, deja pasar un recuerdo, da una tregua a la memoria.
Me acuerdo, cuando fui 16 años, el primer amor. Yo lo quería, porque habíamos entendido que éramos muy distintos y que quizás juntos podríamos salvarnos. El amor duró lo que duró el verano. Lo dejé ir con una carta en la mano, como cuando creíamos en que un papel valía oro. Él sabía que yo me iba a fugar de la relación, por eso cuando me quiso, me quiso mucho. Me fui, porque no comprendía su naturaleza, porque estábamos tan lejos de ser uno siendo tan distintos. Lo importante es que tuvimos nuestros instantes divinos, en las veredas del barrio, mirando el cielo, yo tan segura de quererlo y él tan seguro de adorarme. Dejarlo no fue fácil, pero una tarea que ahora me hace bien.
La vida siguió su ritmo y de a poco fui desarmando todos los peluches de la niñez. Una empieza a viajar y conocer gente, en ritmos poco comprendidos, pero aventureros y llenos de poesía en una plaza de armas abrazada a un bonaerense que se quiere fugar con vos hasta Cuba.
Antes del delirio cubano, otro chico me rompió el corazón, él tan vago, yo tan enamorada. No quedó otra que transitar la relación más eterna de mi vida. Muy pocas peleas, muchas libertades y dolores que callar. Él no sabía lo que yo sentía hasta que lo dejé como se abandona la cáscara de una manzana en el estómago. Él creía que yo siempre iba a estar, porque así funcionaba nuestro amor. Pero a veces los giros son más duros que una piedra en años de descomposición.
Siguieron los viajes, el acelere de los sueños y las libertades que ofrece una mochila de 80kg. Con algunos kilos volví a rencontrarme, fuimos a un recital y la pasamos bien. Nos despedimos en Retiro y no volvimos a cruzar nuestras pestañas.
Hace un año, creí tanto en el amor que me dejé vencer por los doce años que él me llevaba. Éramos dos desconocidos tan llenos de ganas de amar. Me ofrecía su vida como un refugio social. Fuimos una piel que se cansó de flotar por el aire. Siempre los dos, únicos, como abandonados por la esfera social, disfrutando las delicias de su patio y el arte, tan metidos entre nosotros como los resortes en un colchón. Tan devorando emociones. Extremos. Dibujados por algún desquiciado. Nos queríamos tanto que no tuve otra opción que dejarlo.
Así es con el amor. Una se entrega, y disfruta. Hasta que la razón es más fuerte. Nos envuelve y termina por matar las filas del querer. Esas cosas pasan todo el tiempo, el secreto está en reconocerlas y no hacerles caso. Por eso todos ustedes aman, se relamen en dulce de leche y después gritan limón. Eso nos pasa a todos, eso.
Este año, prefiero creer en otro tipo de amor. La tortura del ex es un capítulo del cual no tendríamos que ni pensar, pero que existe. Soy tan dura que le pedí que se olvide de mí, como cuando sos chico y te olvidás de ese juguete que robaste de la casa de tus primos. Así, eso le pedí. Pero la hace difícil, yo ya no sé qué pensar.
Vamos, que el amor está siempre en escena, nos saluda, se va, vuelve, mastica, se persigna y nos vuelve a querer. Vamos, que siempre está.
Me acuerdo, cuando fui 16 años, el primer amor. Yo lo quería, porque habíamos entendido que éramos muy distintos y que quizás juntos podríamos salvarnos. El amor duró lo que duró el verano. Lo dejé ir con una carta en la mano, como cuando creíamos en que un papel valía oro. Él sabía que yo me iba a fugar de la relación, por eso cuando me quiso, me quiso mucho. Me fui, porque no comprendía su naturaleza, porque estábamos tan lejos de ser uno siendo tan distintos. Lo importante es que tuvimos nuestros instantes divinos, en las veredas del barrio, mirando el cielo, yo tan segura de quererlo y él tan seguro de adorarme. Dejarlo no fue fácil, pero una tarea que ahora me hace bien.
La vida siguió su ritmo y de a poco fui desarmando todos los peluches de la niñez. Una empieza a viajar y conocer gente, en ritmos poco comprendidos, pero aventureros y llenos de poesía en una plaza de armas abrazada a un bonaerense que se quiere fugar con vos hasta Cuba.
Antes del delirio cubano, otro chico me rompió el corazón, él tan vago, yo tan enamorada. No quedó otra que transitar la relación más eterna de mi vida. Muy pocas peleas, muchas libertades y dolores que callar. Él no sabía lo que yo sentía hasta que lo dejé como se abandona la cáscara de una manzana en el estómago. Él creía que yo siempre iba a estar, porque así funcionaba nuestro amor. Pero a veces los giros son más duros que una piedra en años de descomposición.
Siguieron los viajes, el acelere de los sueños y las libertades que ofrece una mochila de 80kg. Con algunos kilos volví a rencontrarme, fuimos a un recital y la pasamos bien. Nos despedimos en Retiro y no volvimos a cruzar nuestras pestañas.
Hace un año, creí tanto en el amor que me dejé vencer por los doce años que él me llevaba. Éramos dos desconocidos tan llenos de ganas de amar. Me ofrecía su vida como un refugio social. Fuimos una piel que se cansó de flotar por el aire. Siempre los dos, únicos, como abandonados por la esfera social, disfrutando las delicias de su patio y el arte, tan metidos entre nosotros como los resortes en un colchón. Tan devorando emociones. Extremos. Dibujados por algún desquiciado. Nos queríamos tanto que no tuve otra opción que dejarlo.
Así es con el amor. Una se entrega, y disfruta. Hasta que la razón es más fuerte. Nos envuelve y termina por matar las filas del querer. Esas cosas pasan todo el tiempo, el secreto está en reconocerlas y no hacerles caso. Por eso todos ustedes aman, se relamen en dulce de leche y después gritan limón. Eso nos pasa a todos, eso.
Este año, prefiero creer en otro tipo de amor. La tortura del ex es un capítulo del cual no tendríamos que ni pensar, pero que existe. Soy tan dura que le pedí que se olvide de mí, como cuando sos chico y te olvidás de ese juguete que robaste de la casa de tus primos. Así, eso le pedí. Pero la hace difícil, yo ya no sé qué pensar.
Vamos, que el amor está siempre en escena, nos saluda, se va, vuelve, mastica, se persigna y nos vuelve a querer. Vamos, que siempre está.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Mientras yo estudio, los gatos muerden el tejado. Lo percibí hace unos días, mientras jugaba a cocinar y algún que otro recuerdo me sacudía las manos. Así, comprendí que estos gatos viven de fiesta. Me surgió la duda hoy mientras fumaba que a muchas mujeres llamamos gatos porque les gusta coger, pero también pensaba que muchas se visten para coger, pero de coger ni hablar. Volviendo a los gatos, ahora, mientras escribo esto, también siguen de fiesta. La verdad es que antes de mudarme a este departamento no había visto gatos tan enfiestados, ¿será una señal? Lo loco es que se cansaron del techo y ahora conviven en el terreno baldío de al lado. Me sorprende, porque yo salto del Art Nouveau al Protorracionalismo, visito las Vanguardias Figurativas, culmino en el Racionalismo y estos gatos hijos de puta siguen divirtiéndose.
Lo que me deja tranquila es que la energía de los gatos está por el aire. Quizás en el algún momento yo les haga burla a ellos, mis gatos preferidos.
Lo que me deja tranquila es que la energía de los gatos está por el aire. Quizás en el algún momento yo les haga burla a ellos, mis gatos preferidos.
martes, 20 de diciembre de 2011

Año atrás, tu amor como escultura de la soledad. Siguieron los días de verano, entre cerveza y risas mutando por nuestras orejas, acabando en las pestañas y sudando en el pupo. Ya un año atrás.
Apareció Enero, envuelta en el puerto de Valparíso, con tus mensajes asomando por el diván. Las fotos, y el balcón invitando a nadar. Chile, con una palta en la mano y los quesos más yankis del mercado, la risa hecha Campari y algún que otro viejo verde que me detiene mientras saco fotos en la playa. Luego volver, a vos. Entre eventos sociales y sábanas blancas hechas con aire tuyo, y mío.
Febrero, la presión universitaria. Los nervios, la risa cómplice. La Claudia que aparece cuando más la necesito. El profesor que me pide hasta el más mínimo detalle. Luego, el aprobar. El vino que me prometiste, vos, mientras me insertabas una escultura en la cabeza y acariciabas mis pensamientos que iban a acabar en emociones.
Marzo, el norte.. Chicha y carnaval. Amigas, carpas. Algún atrevido sanjuanino. Bolivia, mar blanco, entre oscuras pieles. La ruta, el dedo, la risa. La ruta.
Abril, tan facultad. Tan quinto año, cambiando de curso y de ideas, atravesando la vorágine del final. Queriendo devorar cada palabra del profesor. Tan serios todos. Eso que queda en el tilo del patio de la facultad.
Mayo, Junio, los chicos del des-amor. Te olvidé como se olvida una llave en el cordón de una vereda. Te dejé con tus flores y tu cara ancestral. Fragmento de mi vida, la escultura ya no me emociona, no podemos seguir más.
Julio, frío y tenso, mezclado con alcohol e independencia, lleno de bufandas de colores y humitos saliendo de boca en boca. Julio, como padre, pensando en todos los sucesos que conllevan a esta mitad.
Agosto, me trajiste 23 vidas repartidas en años que cada doce meses reproducen pieles acabando en uñas. Vos, mes, zonda de mis sueños. Transportás mis utopías y me las traés a mis órganos, para no olvidarme que vengo de vos, mi Agosto querido..
Septiembre, Octubre, tan puestos, tan flores y rock. Descontroles dignos de vivir, trajines necesarios, masticando esferas de la vida, para luego acabar en alguna saliva que nos haga cada vez más desconocidos del frío..
Noviembre, me diste la espalda, fuiste tan rápido, tan fin de año, tan careta.. Pero un bárbaro despertador de viajes, musicalizador de entregas y diseñador del verano.
Diciembre, ahora que volviste una vez más no queda otra que estrujarte, aprobarte, devorarte, mientras pienso en el año que se va, y sueño con poder mutarme la vida una vez más.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Justo debajo del almendro en flor, fijate. Hay algo para vos. No sé de dónde viene, pero sé que es para vos. Me pareció que era agradable, que necesitabas de eso. Necesito que vayas, el árbol está justo en frente a un portón rosadito y una viña grande, ahí en la línea de álamos que se detiene en un almendro que elegí para vos. Es una latita de pomada, pero la escondí a la perfección. Quiero que la sientas. No es para débiles, sabemos cómo somos los poetas.
Fuimos, encontramos la lalita y el árbol después de unas horas. Fuimos. Vos tan cuidadoso, yo tan bruta. Vos tan detallista, yo tan colgada. Vos tan respetuoso, yo tan comedora de silencios. Vos tan flores amarillas, yo tan sorprendida de ellas. Fuimos y ya es tiempo de decir que fue pasado. Pero los pasados son esos eternos encuentros del presente, donde vos sos casi como yo del futuro y yo soy tan vos del pasado. Vos tan dueño de tu patio, yo tan amando.
Nos fuimos, a veces volvemos al pasado. Pero lo que fuimos es casi presente, casi víctima del pasado y casi esquema de futuro.
Fuimos dos pedazos de aire, pero ya te he dicho yo vengo del agua. No me digas que soy linda, eso le decís a todas tus mujeres, yo no soy tu mujer sólo soy lo que fuimos. Fuimos y eso basta para decir que nos miramos como dos desconocidos del futuro.
lunes, 5 de diciembre de 2011

Sueño. Caigo. Me levanto. Atraviesa el aire una paloma. Y dos chicos se miran en un banco de plaza. Fumo. Existo. Los leo. Así, pasan autos. Miro la mañana. Cuelgo de la soga. Aparece un subi baja. La gente circula. El verde asoma. Hay aire. Miramos árboles. Recuerdo esa plaza. Memoria. Dibujo la sonrisa de la planta. Es primavera. Casi verano. Existo. Fumo. Hay aire. El cielo pestañea. Y dos o tres burbujas son espacio. Todo está bajo control. Nado. Giran esos dos que no paran de mirarse. Ríe el mundo detenido en la senda peatonal. Algo pasa. Pero queda en el aire. Algo gira, en silencio. Existo. Fumo. Hay aire. Existimos. Y después de todo, respiro. Vuelo. Caigo. Sueño.
domingo, 27 de noviembre de 2011

Hoy es una de esas noches perfectas para ser amor. No me digan que no. Es momento de retorcer espirales. De ser dos en uno y uno en uno en dos. Como girando aire toda la oscuridad. Sí, estoy sola. Casi casi me mando una cagada, pero tengo tantas ganas de dar vueltas por el aire que no voy a hacer cosas que no desee. Qué querés que te diga: si podés salir a volar acompañado, hacelo, porque la lluvia lo predijo: no queda otra que salir a derribar pieles en la guerra de la rutina hecha feriado.
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